
Mordeduras humanas.
En el ámbito clínico son relativamente poco frecuentes las mordeduras por humanos, pero pueden plantear problemas graves. Se conocen tres tipos:
1. Genuina: el agresor clava sus dientes en la víctima pudiendo producir heridas por punción, desgarros o desprendimiento de tejidos (particularmente lóbulo de oreja, lengua o pirámide nasal).
2. Automordeduras: generalmente de lengua o labios, que suelen acontecer en caídas o crisis convulsivas.
3. Lesiones por puñetazos (deben ser consideradas como mordeduras), con abrasión y laceración de los nudillos y la mano.
El problema clínico más grave que se presenta en las mordeduras humanas es la infección. La flora del hombre contiene más gérmenes patógenos que cualquier animal y puede ser reservorio de estafilococo, estreptococo anaerobio, gonococo, bacilo de Vincent, bacilo fusiforme, espiroqueta, bacilo de tétanos, bacilo de gangrena gaseosa, Treponema pallidum y otros.
Procede, por tanto, considerar la probabilidad de contaminación masiva de la herida y tratar consecuentemente.
La terapéutica de la lesión pasa por cumplir las normas generales, anteriormente comentadas, de limpieza cuidadosa con abundante suero y jabón o solución antiséptica, examen de daños, desbridar la herida y nunca suturar primariamente la herida abierta (incluyendo tendones o nervios seccionados). Se aconseja asimismo la administración inmediata de antibioterapia, siendo de elección la moxicilina/clavulámico y como alternativa la cefoxitina. Procede administrar igualmente toxoide tetánico.
A pesar de la posibilidad de infección, y en término de 6 horas de acaecidas, las lesiones de tejidos blandos de cabeza y cara pueden suturarse bajo cobertura antibiótica y tras realización de antisepsia correcta. Generalmente suelen obtenerse buenos resultados estéticos, aunque a veces hay que recurrir a la cirugía plástica reconstructiva.
Toda lesión por mordedura humana debe ser correctamente vigilada por el riesgo de celulitis y gangrena, especialmente si se localiza en los dedos.